Ocultar u omitir la pertenencia al colectivo LGBTQ+ es, lamentablemente, una práctica recurrente en los espacios de trabajo. Esta situación conlleva diferentes efectos para la vida profesional y personal de las personas que son parte de la comunidad, entre cuyas repercusiones más serias se encuentra la gestión de una buena salud mental.
El no poder expresarse con libertad y, en cambio, vivir con el miedo constante de ser “descubierto/as” por jefaturas y compañeras/os genera diferentes trastornos que, si no se tratan a tiempo, pueden tener efectos complejos en la vida cotidiana, incluyendo retrocesos en los procesos de aceptación individual. Pablo López es co-director de Tú-Yo Psicólogos LGBT, un centro de psicoterapia que, por más de una década, se ha especializado en el acompañamiento de las personas del colectivo; en esta entrevista, repasa las situaciones más recurrentes en la vida laboral de las/os profesionales LGBTQ+ y las claves para cuidar un ámbito de la salud que, además, está cargado de estereotipos y prejuicios sociales.

Muchos sondeos y estudios han confirmado la tendencia de “retornar al armario” entre las personas LGBTI+ mientras están en su lugar de trabajo. ¿Qué efectos o consecuencias tiene esto para su salud mental?
Tiene muchas consecuencias en muchos planos de la salud mental de las personas LGBTQ+. Por ejemplo, afecta el autoestima cuando alguien no se considera un/a ciudadano/a más que puede expresarse en libertad y poder funcionar como el resto, viviendo libremente. Afecta también porque estás continuamente en un estado de alerta sobre si saben o no de tu identidad, si el resto ve pluma en ti o no, y eso conlleva unos niveles de ansiedad más elevados que la población general.
Existe una gran sensación de vulnerabilidad; es sentir que tengo algo que, en algún momento, pueden utilizar en contra de mí. Todo ello incide en sentirse menos que los/as demás y a la vinculación con el resto de las personas: no hablo de mi vida para que no me pregunten y puedan saber si soy LGBTQ+ y tampoco pregunto al resto, precisamente para que no me pregunten a mí. Esto, finalmente, crea una cierta distancia.
¿Tiene esto alguna relación con la falta de autoafirmación de las competencias profesionales? Si una persona está dentro del armario en el espacio de trabajo, ¿puede sentir incluso que tiene menos habilidades a la hora de desempeñar su rol?
Sí. En esto está muy presente el concepto de la adolescencia tardía, que tratamos mucho en psicología. Es decir, cuando alguien no ha conseguido hacer avances en su proceso de aceptación o permanece dentro del armario en el trabajo, al final se siente que no ha avanzado en su vida personal y, por lo tanto, se percibe con menos madurez o menos profesional que el resto de los/as compañeros/as. La idea es: “Yo, como no he salido del armario o no he tenido pareja, me siento más inmaduro en mi vida personal”. Y eso se acaba extendiendo de alguna manera a la vida profesional.
Al sentirte menos que las/os demás porque no te expresas, el daño que se produce en el autoestima se acaba expandiendo a otros planos de su valoración de sí misma/o, entre ellas el profesional. Además, se tiende a pensar que te pueden echar en cualquier momento por ser LGBTQ+, lo que conlleva menos valoración profesional porque se asume que no será posible promocionar o que no van a contar contigo. Todo eso es una profecía autocumplida: yo mismo/a me estoy invalidando porque pienso que mi orientación sexual, que es algo que no puedo cambiar y me va a acompañar toda la vida, me va a condicionar laboralmente.
Luego hay que ver cuánta realidad hay en ese miedo o cuánto hay de generalización por experiencias previas sucedidas en la infancia y la adolescencia. Lo que nos encontramos mucho en consulta es que hay pacientes que aseguran que les van a echar del trabajo, pero que no han vivido experiencias de discriminación. Por supuesto que existen experiencias reales, pero muchas veces también son miedos heredados de esas experiencias anteriores.
¿Podríamos hablar incluso de una manifestación de homofobia internalizada, relacionada con el estereotipo de una orientación sexual diversa y el riesgo de que una persona sea tomada menos en serio?
Exactamente. Esa idea de “tomarme menos en serio” está muy expandida dentro del colectivo; es decir, que la orientación sexual nos invalida o que nos hace menos profesionales.
En ese sentido, ¿Cuáles son los trastornos en salud mental más recurrentes entre las personas del colectivo que retornan al armario en sus espacios de trabajo?
Como la población en general, el trastorno más común es el de la ansiedad, aunque mucho más acusada en sus diferentes variantes. De hecho, existe la etiqueta de "ansiedad minoritaria" por pertenecer a un colectivo como el LGBTQ+; ese continuo estado de alerta de en qué momento se van a enterar o de quién lo sabe y quién no, lleva unos niveles de ansiedad que pueden derivar en ataques de pánico o ciertos episodios de fobia social, de evitar a sus jefas/es por lo que les impone.
Los miedos más grandes están relacionados con el considerar que el resto es homófobo. Estos temores van creciendo en la cabeza y muchas veces no los conseguimos trabajar, porque no me expongo a esas situaciones.
Esto es particularmente importante, porque la mayoría de las personas habla de su vida privada en el trabajo, especialmente durante los espacios de socialización...
Nosotros intentamos animar que, de una manera natural, cuando una persona LGBTQ+ llega a espacios nuevos, vaya abriéndose lo antes posible. Porque, si no se cuenta al principio dentro de una conversación y sin esquivar las oportunidades, los niveles de ansiedad van a subir respecto al "cómo y cuándo lo digo".
Siempre va a estar ahí una tensión emocional muy importante que se agudiza si vas esquivando situaciones sociales en el trabajo para evitar contar sobre tu vida. Y si no lo digo desde el principio, ¿qué ocurre? Como existe la pretensión de heterosexualidad, estas/os pacientes piensan que el resto cree que son heterosexuales; y con ello viene el dilema: “¿Cómo, después de dos meses, voy a decir que soy gay? Van a pensar que les he estado engañando, que me da vergüenza o que no lo llevo bien”. Esto cuesta mucho más deshacerlo. El no decir nada es decir que soy hetero.
Esto último es muy importante porque añade un elemento más: el hecho de sentirse juzgado/a por no haberlo dicho...
Y eso que, en general, nadie les juzga. Pero pensamos que nos van a pedir cuentas de por qué no lo hemos dicho antes o por qué nos hemos quedado callados/as con este tema. Pero la gente entiende estas situaciones, normalmente no nos encontramos con el reproche.
¿Qué acciones pueden tomar las personas LGBTQ+ cuando se encuentran ante estos dilemas que comprometen su salud mental en el trabajo?
Ya hemos comentado algunas estrategias. Lo primero es ver cuánto hay de realidad en esa LGBTIfobia que la persona siente en su ámbito laboral, cuánto hay de experiencias reales y de miedos que estoy prejuzgando por el ámbito que sea. Por ejemplo, si trabajo en un bufete de abogados, puedo tener la idea de que se trata de un espacio conservador y pienso que es un riesgo, pero hay que darle una oportunidad y ver si estoy prejuzgando o realmente hay homofobia en el espacio.
Hay que hacer análisis de realidad para ver si realmente la situación que vivo es así o estoy generalizando los miedos de vivencias que he tenido anteriormente.
Luego es importante empoderarse. El trabajo que hacemos en terapia es de un continuo proceso de empoderamiento que permita no callarme si oigo un comentario homófobo en el trabajo, porque si lo hago me vuelvo pequeño/a y mi autoestima, sin darme cuenta, se ve dañada y vuelvo al armario. A lo mejor no contesto incluyéndome como LGBTQ+ si no estoy preparada/o para ello, pero sí podemos afear el comentario, en la medida que pueda, poniendo una mala cara o lo que se pueda hacer. Se trata de pequeños pasos que, al final, son muy importantes para nuestra salud mental y bienestar.
También es importante poder buscar personas aliadas en el trabajo. Gente que vea que es más cercana y que pueda abrirme primero con ellas/os
Y, por supuesto, pedir ayuda profesional y acudir a terapia. Siempre es recomendable empezar en momentos muy iniciales; no hay que ir cuando ya me encuentro muy mal, sino que cuando veo que esa LGBTIfobia que siento está interfiriendo en mi vida y realización laboral. Cuando me doy cuenta que estoy volviendo al armario y que estoy dando pasos para atrás en mi proceso de aceptación, entonces sí es un buen momento para ir a terapia.
Salir del armario es un proceso que normalmente es complicado y lleva tiempo. Cuando veo que doy dando pasos para atrás, es importante trabajarlo porque al final puede tener consecuencias en muchos planos. Por eso, cuando vea que esto está interfiriendo en mi realización y día a día, que no me relaciono con mis compañeras/os de trabajo y no estoy haciendo bien mis tareas laborales, es importante plantear soluciones y pedir ayuda.
En cualquier caso, lo que ocurre es que siempre vamos muy tarde a la consulta psicológica. Aunque siempre está muy bien ir en cualquier momento, si vamos en instancias anteriores creo que el trabajo puede ser mucho mejor.
En este campo, además de todo lo que hemos hablado, nos encontramos con todos los estigmas en torno a la salud mental y, especialmente, hablar sobre ella.
Creo que el colectivo LGBTQ+ tiene más superada esa barrera. Hay dos vertientes: por un lado, está más familiarizado porque, desgraciadamente, hemos tenido que pedir ayuda psicológica para poder aceptarnos. Por otro lado, existe una barrera al momento de acercar la psicología a las personas del colectivo, porque ha habido cierto miedo al juicio del/la psicólogo/a o a la posibilidad de que fuera homófobo/a. Por eso creamos Tú-Yo Psicólogos LGBT, para formar a psicólogos/as en el ámbito LGBTQ+ y para romper esa barrera.
Si tenemos que mirar a las empresas y lugares de trabajo, ¿Qué deberían hacer para erradicar estos miedos y problemas asociados con la acción de visibilizarse como parte del colectivo LGBTQ+?
Necesitamos que exista mucha visibilización de la diversidad dentro de las empresas, es decir que yo llegue a una compañía y vea que contempla esta realidad y que integra al colectivo LGBTQ+. Esto se traduce, por ejemplo, en la existencia de políticas de tolerancia cero ante cualquier comentario o conducta LGBTIfóbica, acciones de inclusión al colectivo y oportunidades de formación sobre estos temas.